Comprar un coche debería ser una alegría, pero a veces se convierte en una pesadilla. Si el vehículo presenta fallos mecánicos persistentes, te pasas la vida en el taller y el concesionario no te da una solución definitiva bajo garantía, no tienes por qué resignarte ni gastarte una fortuna en abogados.
La mejor vía es el Arbitraje de Consumo.
Es un procedimiento extrajudicial, gratuito y vinculante. Para iniciarlo, el primer paso es redactar un escrito formal de reclamación detallando todo el historial: fechas, averías mecánicas extensas y cada una de las visitas al taller. Presenta este escrito primero al concesionario exigiendo una hoja de reclamaciones oficial y, si no ceden, llévalo a la Oficina Municipal de Información al Consumidor (OMIC) de tu localidad.